Una nueva ciudad para un nuevo siglo

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La transformación del espacio urbano

“Basta dirigir la mirada hacia las faldas Sur y Este del monte Tossal, y en ellas se verá con asombro cómo a través de los siglos y al pie del castillo de San Fernando, puede resurgir con pujanza, formando parte de la urbe alicantina, una imitación de aquellos pueblos Trogloditas que habitaron en cavernas, grutas y cuevas. ¿No es un sarcasmo que en el siglo XX se consienta que muchos de nuestros semejantes moren no ya como salvajes, sino como irracionales?”
José Guardiola Picó, Reformas en Alicante para el siglo XX. 1909

Panel_09El Higienismo fue un planteamiento multidisciplinar que nace en el siglo XVIII, y alcanzó gran importancia a finales del XIX e inicios del XX. Se fundamentaba en el desarrollo científico de la bacteriología y la medicina de laboratorio, la estadística demográfico-sanitaria, la medicina social y las mejoras técnicas proporcionadas por los cuerpos de ingenieros civiles en los procesos de saneamiento urbano. El movimiento higienista trataba de estudiar la influencia sobre la salud de las condiciones del ambiente tanto físico como social, al mismo tiempo que criticaba las situaciones de insalubridad de las ciudades industrializadas y las condiciones de vida de las clases más desfavorecidas. A la luz de los datos obtenidos, se lanzaron una serie de propuestas de reformas sanitarias, algunas de ellas muy ambiciosas.

En el tránsito de los siglos XIX al XX, la concentración de la población en núcleos urbanos de la provincia de Alicante fue un hecho destacable, en especial, en aquellos lugares beneficiados por el eje ferroviario Alicante-Valencia-Madrid debido a la expansión de la viticultura y la actividad comercial. Ciudades como Alicante, Alcoy (debido al auge de la industria) y Elche (por la fabricación de calzado) fueron foco de atracción de inmigrantes y de un importante crecimiento poblacional.

Como consecuencia de la falta de espacio en las ciudades, se produjeron situaciones de hacinamiento, aflorando barrios donde escaseaban los servicios básicos. Las viviendas eran reducidas e insalubres, lo que propiciaba el caldo de cultivo idóneo para la propagación de enfermedades transmisibles.

En contraposición a este tipo de espacios y en consonancia con los principios del Higienismo, el Ensanche surge como nuevo modelo urbano burgués. Su dibujo era homogéneo, bien definido, acotado y ordenado, desdeñando el casco antiguo y los extrarradios por suponer áreas caóticas. Así, por un lado, estaban los barrios burgueses, bien estructurados y organizados y, por otro, los barrios obreros donde el desorden, la suciedad y el uso múltiple del espacio generaban riesgos para la salud.

Sin embargo, aunque estos proyectos de ensanche nacieron con una legitimación higiénica, debido a la falta de apoyo legislativo, acabaron convirtiéndose en objeto de especulación y negocio para los promotores privados. Finalmente, el modelo de ensanche quedó desfasado.

El movimiento ciudadano. Ciudad saludable para el cambio de siglo

“El desdén con que la mayoría de los Ayuntamientos de España trata los intereses de la higiene y de la sanidad de sus vecinos, adquiere a veces tal grado que no hay en la conciencia sentimientos de indignación bastantes, ni en el léxico apóstrofes suficientemente duros para condenarlo”
Ángel Pulido Fernández. Demografía, higiene, sanidad pública. 1913

Desde la década de 1880 asistimos al nacimiento de un movimiento de la sociedad civil (“Una nueva ciudad para un nuevo siglo”) en el que arquitectos, farmacéuticos, médicos e ingenieros (José Guardiola Picó, Evaristo Manero Mollá, P. Carreras, Esteban Sánchez Santana, Pardo y Gimeno, Lastres y Juiz, Sañudo Autran, Federico Parreño Ballesteros, Soler Sánchez, entre otros) aúnan esfuerzos y proponen reformas ante el olvido de los poderes públicos estatales y la carencia de iniciativa de las políticas locales. Su objetivo: cambiar la ciudad y mejorar la salud y las condiciones de vida de los ciudadanos.

Panel_10Al igual que en otros países, el Higienismo se convirtió en el fundamento teórico y práctico de las medidas propuestas por esa pequeña burguesía. Existía la convicción de que la ciencia higiénica conduciría a una situación de prosperidad y de bienestar social a través del orden y la racionalización de la vida pública.

La concreción de sus ideas se plasmó en una serie de publicaciones de gran interés, algunas de ellas auspiciadas por la Sociedad Económica de Amigos del País, y orientadas a promocionar la ciudad como “Estación sanitaria” y “Residencia de invierno”. Esta idea, tomada de modelos foráneos como Cannes y Niza y presente también en ciudades como Málaga, fue vehiculada a través de la “Comisión de Propaganda para el clima de Alicante”, creada en 1896.

Con ese doble objetivo sanitario y de promoción turística, Esteban Sánchez Santana propuso en su folleto Residencia Invernal de Alicante la creación ex novo de una pequeña ciudad, acorde con los principios higienistas, dentro de la población: el Sanitarium. En realidad, se trataba de una isla artificial “situada dentro del mar, en la playa de Babel, montada sobre columnas de hierro, no entrando en su construcción otros materiales que el citado metal, madera, ladrillo y cristales”. La buena alimentación, el ambiente de recreo y la tranquilidad, eran los elementos característicos del Sanitarium, siguiendo las más ortodoxas reglas higiénicas.

Esta ciudad saludable ideal, que estaba inspirada en la Hygeia de Sir Benjamin War Richardson, nunca llegó a concretarse, quedando reducida a una utopía.

Propuestas para un Alicante saludable

“Alicante está perfectamente situado, tiene muchas calles buenas, paseos regulares y un clima inmejorable; pero dado el descuido que existe en la localidad respecto a la higiene, la bondad de su clima, la belleza de su cielo, los atractivos de toda la ciudad, resultan estériles por completo”
Esteban Sánchez Santana, Residencia invernal de Alicante. 1889

La identificación de los problemas y de las soluciones prácticas por parte de los higienistas pueden agruparse en un conjunto de transformaciones que se consideraban necesarias para que Alicante pudiese ser llamada “ciudad saludable”.Panel_11

1. Uno de los mayores problemas detectados en los escritos higienistas fue la escasez en el suministro de agua. Era tan limitada que apenas cubría unas necesidades básicas de supervivencia, afectando a la propia higiene urbana y las condiciones de vida de la población. Como señalaba Guardiola Picó, “desgraciadamente, la ciudad de Alicante carece de agua, no ya para beber sino para los demás servicios”.
2. La caótica red de cloacas fue otro de los problemas denunciados. En este sentido, no se construyeron obras de alcantarillado relevantes porque difícilmente hubieran podido tener alguna funcionalidad debido al escaso caudal del agua, lo que haría que las materias se descompusieran.
3. La puesta en marcha de medidas urbanísticas como la construcción de nuevos edificios y el ensanche de calles para permitir que el aire y el sol penetraran en las casas y que aportase “calor, fuerza y alegría”. También el establecimiento de grandes plazas, jardines, parques y paseos que son “como los pulmones de las urbes” y “lugares de solaz y esparcimiento” proporcionando belleza “de cuya contemplación tanto se beneficia el espíritu”.
4. El deseo de crear una ciudad culta y educada como sinónimo de ciudad sana. “Ya cercano el alborear del siglo XX, vemos la tremenda distancia entre el grado de adelantamiento de la Europa septentrional y la España querida. ¿Cuáles son los motivos de este atraso? El primero y principal la incultura de sus gentes ya que corren parejas el grado de cultura de un pueblo con su higiene pública y privada”.
5. La reducción de las cifras de mortalidad.
6. La disminución del número de pobres porque por sus condiciones “actúan como vectores de enfermedad y también están presentes en todas las revueltas que alteran el orden público”.
7. El control de fábricas y manufacturas que alteren o inficcionen la atmósfera.
8. La adecuación a las normas de sanidad de los servicios públicos municipales con reformas del matadero y la cárcel, así como el traslado del cementerio fuera de la ciudad y demolición de uno de los dos mercados.
9. La mejora del estado de los dos hospitales de la ciudad y de las instituciones asistenciales como la Casa de Beneficencia y los dos Asilos, el de las Hermanitas de los Pobres y el destinado a los hijos de las cigarreras.

Los balnearios y los baños de Busot

“Desde la hora en que se ha terminado la última comida, hasta la hora del baño, debe mediar por lo menos un espacio de tres horas, a fin de que esté completamente terminada la digestión”
José Aller y Vicente, Guía de Alicante para 1900

El auge de la balneología en el siglo XIX y los inicios del XX hay que entenderlo en el contexto de una revalorización de los remedios naturales (cargados de simbolismo regenerador) frente a la escasa eficacia que, en muchos casos, mostraban otras terapéuticas como la farmacológica. Hasta bien entrado el siglo XX, la afición a los baños de mar era escasa. La mayoría de los alicantinos y de los madrileños que acudían a la ciudad en los famosos “trenes botijo” -que realizaban el trayecto desde Madrid en unas catorce horas- no pasaba de nueve baños al año y tomados “de Virgen a Virgen”, es decir, del 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, hasta el 15 de agosto, día de la Ascensión, según aconsejaban los médicos de la época.

Panel_12Desde 1864, en la playa del Postiguet existían una serie de balnearios dotados de casetas para diversos tipos de baños -incluso los de algas-, gimnasio y, en algún caso, restaurante. Algunos eran fijos, como “La Alhambra”, “Diana”, “Madrid” y “La Alianza”, mientras que otros siete eran montados al llegar el verano y desmontados al terminar la temporada estival: “La Confianza”, “La Estrella”, “La Rosa”, “Delicias”, “Guillermo”, “Almirante” y “Florida”. Además, hubo durante algún tiempo otro titulado “La Esperanza”, que discurría paralelo a la costa. Estos establecimientos se levantaban sobre columnas de hierro y estaban formados por una entrada a modo de pasarela o puente y una amplia plataforma. En ellos, “pilas de zinc o mármol”, con grifos de agua fría y caliente, “en las que pueden bañarse con agua a mayor o menor temperatura las personas que así lo desean, ya por timidez, por objeto caprichoso o por prescripción facultativa”.

Mucho menos populares, pues estaban dirigidos a una clientela de alto poder adquisitivo, eran los Baños de Busot, que vivieron una época de enorme auge a finales del siglo XIX y principios del XX, en el Hotel Miramar, propiedad del Marqués del Bosch. Sus aguas eran especialmente indicadas contra la artritis y, en torno a los baños, surgió todo un complejo turístico con “hoteles, villas, chalets y pabellones amueblados, hermosos parques y jardines, extensos paseos y frondosos pinares”. Sus huéspedes pasaban el tiempo en tertulias, juegos -el billar o el tresillo-, disfrutando del tratamiento higienista y sanitario, distracciones varias como bailes y veladas musicales. En 1936 fue adquirido por el Estado, que estableció allí un Sanatorio Infantil Antituberculoso, conocido como “El Preventori”. Actualmente, se encuentra en ruinas.